El Canal de Panamá
Introducción
El canal de Panamá es una arteria del comercio mundial. Desde su aparición en 1914, el
corredor marítimo cambió las dinámicas del comercio mundial. Una vía navegable de 82 km de
largo, que atraviesa el istmo de Panamá, conecta el océano atlántico y pacífico permitiendo el
tránsito marítimo directo eludiendo la navegación alrededor del Cabo de Hornos. Es un sistema
de esclusas de gravedad que permite a los barcos ascender y descender entre los océanos.
El Canal de Panamá es administrado por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), una
entidad autónoma del gobierno de Panamá. Por él transitan 511 millones de toneladas de carga,
representando el 6.5 % del comercio mundial (Shrestha, Shrivastav, Chaulagain, & Panthi,
2025). Hoy sirve a un total de 180 rutas marítimas que conectan 1,920 puertos y 170 países.
También tiene un peso militar estratégico. Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial resultó
vital para EE. UU, le permitió mover tropas de un océano al otro rápidamente. Durante la guerra
fría fue igual de determinante, le aseguró una presencia constante para proyectar poder y la
defensa de sus intereses en América Latina. La historia demuestra cómo esta dimensión
trasciende la relevancia comercial del canal y se vuelve un eje central competitivo entre las
grandes potencias. En el siglo XX, esta lógica se reconfigura en The Great Power Competition y
se vuelve un elemento clave en la competencia entre EE. UU y China, al punto que incluso
declaraciones del presidente Donald Trump insinuaron que Estados Unidos debería “tomar”
nuevamente el Canal, reactivando tensiones históricas y evidenciando que su importancia
estratégica continúa plenamente vigente.
En el marco contextual de The Great Power Competition entre EE. UU y China, teniendo
en cuenta la historia y la rivalidad evidente entre ambas potencias, este ensayo pretende analizar
¿Cómo ha evolucionado el papel del Canal de Panamá desde su construcción hasta convertirse
en un escenario clave de la competencia geopolítica entre EE. UU y China?
En cuanto a la estructura del ensayo, consta de dos secciones principales. La primera
sección abarca un recorrido histórico desde los inicios de la construcción del canal en el siglo
XIX hasta la administración estadounidense y los tratados que culminaron en el traspaso de la
soberanía del mismo a Panamá en 1999, destacando el papel económico y militar durante el siglo
XX. En segundo lugar, se analiza el rol del Canal en la actualidad, teniendo en cuanto su
significancia comercial y militar en el contexto de The Great Power Competition. Buscando
también comprender las tensiones e implicaciones recientes para el comercio mundial y
Panamá. De esta manera buscamos responder a la pregunta sobre cómo el Canal de Panamá se
convirtió en un escenario central para la competencia geopolítica mundial.
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Contexto histórico
La historia del surgimiento del Canal de Panamá no solo representa un hito histórico para
la infraestructura y el comercio mundial, sino que funciona como un punto que mezcla a la
tecnología, el imperialismo y la geopolítica. La idea de encontrar una conexión entre los océanos
Atlántico y Pacifico para así agilizar el transporte de personas y bienes sin tener que rodear todo
el continente americano fue algo que siempre estuvo en mente. Sin embargo, el mundo tuvo que
esperar hasta comienzos del siglo XX para que esta idea se concretara de manera satisfactoria.
Desde los primeros intentos franceses a finales del siglo XIX, hasta el traspaso de la
soberanía del mismo a Panamá en 1999, el canal es un claro reflejo de los cambios de poder en
el sistema internacional y el cómo las infraestructuras pueden llegar a convertirse en
instrumentos claves para una dominación y poder estratégico.
El intento francés de construir el canal
El primer intento de construir un canal que conectara ambos océanos a través del istmo
de Panamá fue impulsado en 1881, luego que el gobierno colombiano concediera la construcción
a una empresa francesa llamada Compagnie Universelle du Canal Interocéanique. La misma era
dirigida por el ingeniero Ferdinand de Lesseps, el cual era conocido por su papel como promotor
y director en la construcción del Canal de Suez, el cual había sido inaugurado en 1869 (Dansette,
2024). Por esta razón logró promover el financiamiento de este nuevo proyecto de manera
satisfactoria, aunque no estuvo exento de críticas.
A pesar de la altas expectativas e inversiones, el proyecto se vio truncado y llevó a un
fracaso en 1889 debido a la mala ejecución de los planes de construcción ya que los mismos no
consideraban la geografía y características del suelo en el que trabajaban sino que intentaban
replicar la anterior construcción en Suez, lo cual carecía de sentido. Se utilizó una clase de
maquinaria que resultó ineficiente para el terreno que presentaba la zona, lo que demoró aún más
el proyecto, y a esa mala organización del trabajo se le debe sumar las enfermedades como la
fiebre amarilla y la malaria, las cuales causaron estragos entre la mano de obra. Considerando
este panorama, los inversores franceses decidieron dar marcha atrás a la financiación del
proyecto, lo que terminó por arruinar a la empresa constructora y, consecuentemente, dar fin a
este proyecto (Bray, 2025).
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La independencia de Panamá y el papel de Estados Unidos
Hasta comienzos del siglo XX, el territorio del actual Panamá era parte de la República
de Colombia. Como se ha mencionado anteriormente, el deseo de conectar ambos océanos fue
algo que estuvo en la mente de las principales potencias en el mundo durante mucho tiempo, en
1902 Estados Unidos debatía donde debería estar ubicada esa conexión, la cual les resultaba
clave ya que conectaría de manera eficiente y rápida ambos extremos del país maritimamente.
Finalmente, el Senado americano vota a favor de construirlo en el istmo de Panamá, por lo que
en 1903 se redacta un acuerdo entre el secretario de estado John Hay y el Ministro de Relaciones
Exteriores de Colombia, Tomás Herran, el cual permitiría la construcción del canal (Office of the
Historian, U.S. Department of State, s. f.). Dicho acuerdo se lo denomino como el Tratado
Herran-Hay, el cual permitía la construcción del canal por parte de los Estados Unidos, pero
resultaba desventajoso para Colombia ya que debía ceder la explotación del mismo por al menos
100 años, una importación libre de abonos de tasas aduaneras y la creación de tribunales
estadounidenses dentro de la jurisdicción del mismo si se veía necesario. El Congreso
colombiano resolvió derogarlo tras considerarlo plenamente desventajoso (Agrana, 2023).
Como respuesta al fracaso entre las negociaciones el presidente norteamericano
Roosevelt resolvió enviar buques de guerra a puntos claves del territorio panameño en apoyo a la
independencia del territorio. La respuesta Colombiana a esta insurrección no logró ser
satisfactoria, por lo que el 3 de noviembre de 1903 el país declara su independencia (Office of
the Historian, U.S. Department of State, s. f.).
Semanas luego de estos acontecimientos, el 18 de noviembre de 1903, Estados Unidos y
Panamá firman el acuerdo Hay-Bunau-Varilla, el cual otorgaba exclusividad sobre los derechos
del istmo de Panamá a los Estados Unidos, lo que permitía gobernar perpetuamente y fortificar
la zona, la cual se expandía por unos 16 kilómetros. A cambio, el país garantizaba la protección
a la república del Panamá y una compensación económica de 10 millones de dólares y una
anualidad de 250.000 dólares luego de 9 años. Este acuerdo fue altamente criticado por los
panameños ya que significaba ceder parte del territorio a una potencia externa y la partición en
dos de la nación (Editores de Encyclopaedia Britannica, 2025).
Construcción del Canal
Con la firma del tratado, en 1904, Estados Unidos asume el proyecto de construcción. La nueva
administración se encargó de reorganizar las pasadas obras francesas, en 1906, el recientemente
nombrado ingeniero jefe, John Frank Stevens decide sustituir el diseño francés por un sistema de esclusas
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(Bray, 2025). Además, gracias al doctor William C. Gorgas, en 1904, se impulsaron una clase de medidas
sanitarias contra la malaria y la fiebre amarilla, las cuales permitieron que dos años después, en 1906, se
erradicara la fiebre amarilla y se logró una contención de la malaria por más de una década (Harvard
University, s. f.).
Luego de una década más tarde y un arduo trabajo, el canal se inaugura el 15 de agosto de 1914
(Bray, 2025), siendo un hito y un logro no solo por ser una obra de ingeniería sin antecedentes, sino que
por la significancia que tiene en el comercio mundial, abriendo una nueva y eficiente puerta entre dos
océanos.
Los tratados Torrijos-Carter
En el contexto internacional de los 70’, la presión de la sociedad panameña por alcanzar una
plena soberanía en su territorio y la búsqueda de los Estados Unidos de mejorar su imagen política en
América Latina resultó en la firma de dos acuerdos entre Omar Torrijos, dictador de Panamá, y Jimmy
Carter, presidente de los Estados Unidos (Autoridad del Canal de Panamá, s. f.). Según el Dr. Nicolás
Ardito Barreta, ex presidente de Panamá y negociador del tratado Torrijos-Carter, “La suerte para
nosotros fue que el presidente Carter entendió, que el mejor interés de los EE. UU era el negociar el
tratado porque la mayor inseguridad al canal éramos los panameños insatisfechos” (Canal de Panamá,
2020, 02:30).
El Tratado Torrijos-Carter y el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y
Funcionamiento del Canal de Panamá aseguraban y detallaban sobre el tema de la neutralidad del Canal y
soberanía de la zona, la cual quedaría en manos de la república panameña el 31 de diciembre del 1999,
cuando los Estados Unidos cederían los derechos para operar el Canal (Autoridad del Canal de Panamá, s.
f.).
Finalmente, efectivamente la responsabilidad total sobre la administración y mantenimiento del
Canal fue asumida por Panamá el día pactado, para cumplir su tarea se creó el organismo autónomo
denominado Autoridad del Canal de Panamá (ACP, s.f.). Este proceso significó el cierre de un siglo de
dominio extranjero de los territorios nacionales y el comienzo de una etapa soberana que fue limitada por
los compromisos internacionales de neutralidad.
El rol económico y militar durante el siglo XX
Desde su apertura en 1914, el canal de Panamá fue una pieza clave para la estrategia marítima
estadounidense. Durante el conflicto de la Primera Guerra Mundial, el control del Canal fue clave para la
rápida movilización de la flota americana entre los océanos, lo que permitió defender ambos frentes de
batalla. Con miedo a un ataque alemán, el Canal tomó ciertas medidas defensivas como el
acompañamiento a todos los barcos que utilizaran esta vía como forma de evitar un atentado (U.S. Army
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Center of Military History, 2009). En la Segunda Guerra Mundial el presidente Roosevelt transfirió las
responsabilidades militares y civiles al departamento de la armada del Canal de Panamá, a su vez,
aumentaron la cantidad de tropas a 31.400 en el curso de 1939 y seguiría en aumento hasta el final de la
contienda.
Durante el transcurso de la Guerra Fría, el canal continuó siendo un enclave estratégico, sirviendo
como un punto de vigilancia local y un símbolo de los Estados Unidos en el hemisferio y la influencia
que este tenía. De todas formas, a medida que el siglo XX se desarrollaba, las tensiones por la soberanía
se intensificaban con huelgas y protestas violentas en las calles y en los debates políticos. Este creciente
descontento que generaba eco mundialmente culminó en los tratados de 1977, los cuales devolvieron la
soberanía a Panamá (U.S. Army Center of Military History, 2009).
El Canal de Panamá en “The Great Power Competition”
Qué es la “Great Power Competition”
El término “La competencia entre grandes potencias” o “Great Power Competition (GPC)” se
utiliza para describir la rivalidad entre grandes potencias por el control, la influencia y la capacidad de
moldear el orden mundial. Esta competencia no se limita al plano regional, sino que opera en un nivel
internacional y abarca múltiples dimensiones, entre ellas los ámbitos militar, económico, tecnológico,
cultural e ideológico.
Para comprender este fenómeno, nos basamos en la obra de John J. Mearsheimer, The Tragedy of
Great Power Politics, donde el autor desarrolla el enfoque del realismo ofensivo. Mearsheimer sostiene
que el sistema internacional es anárquico, que los Estados nunca pueden estar completamente seguros de
las intenciones de los demás y que, como actores racionales, su objetivo principal es la supervivencia.
Desde esta perspectiva, los Estados se comportan de manera agresiva porque buscan maximizar su poder
y reforzar su autodefensa, ya que cuanto mayor es su poder relativo, mayor es su seguridad. De este
modo, la interacción internacional queda marcada por la lógica de ganancias relativas, donde el ascenso
de un Estado implica inevitablemente la preocupación de otro.
Además del enfoque realista de Mearsheimer, la noción de competencia entre grandes potencias
también puede entenderse desde la perspectiva histórica de Sarah C. M. Paine, quien distingue entre
potencias “continentales” y “marítimas”. Según Paine, las potencias continentales tienden a expandir su
influencia mediante la conquista territorial y la dominación de espacios adyacentes, mientras que las
potencias marítimas proyectan poder a través del control de rutas, comercio y acceso a mares
estratégicos. Esta diferencia estructural produce formas distintas de competir. En este marco, China puede
interpretarse como una potencia de base continental que expande su influencia económica y territorial en
su periferia, mientras que Estados Unidos actúa como una potencia marítima cuya seguridad y hegemonía
dependen del dominio de corredores marítimos globales. Esta tensión entre un actor continental y uno
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marítimo amplifica la lógica de rivalidad y ayuda a comprender por qué la competencia actual adquiere
dimensiones geoeconómicas y geopolíticas simultáneas.
Históricamente, la competencia entre grandes potencias ha sido un elemento central en la toma de
decisiones de los Estados más influyentes, especialmente en el caso de Estados Unidos, Rusia y, más
recientemente, China. Esta lógica competitiva también aparece reflejada en los documentos estratégicos
contemporáneos de Estados Unidos. Como señala Mazarr (2022), “the idea of competition has been
central to other U.S. National strategy documents, such as the 2018 Joint Concept for Integrated
Campaigning and the 2019 Joint Doctrine Note 1-19. It has been the focus of service concept papers
from the Army and the Marine Corps”
Este énfasis demuestra que, para Washington, la competencia interestatal constituye hoy el eje
estructurador de su estrategia global, en un contexto donde China y Rusia emergen como rivales
estratégicos que disputan influencia en múltiples regiones e infraestructuras críticas del mundo.
Origen Contemporáneo del concepto (2017-18)
Aunque la competencia entre grandes potencias ha sido una constante en la historia de las
relaciones internacionales, el concepto de Great Power Competition adquirió un papel central en el
discurso estratégico estadounidense a partir de la segunda mitad de la década de 2010. Este giro estuvo
impulsado por la percepción de un escenario internacional marcado por el ascenso de China como
potencia emergente y la postura más firme de Rusia. En este contexto, Estados Unidos reinterpretó su
posición global y reformuló sus prioridades de seguridad.
La National Security Strategy de 2017 y la National Defense Strategy de 2018 marcaron este
cambio de enfoque. Como resume Mazarr (2022), “The 2017 National Security Strategy and the public
summary of the 2018 National Defense Strategy were built around this theme”, consolidando a la Great
Power Competition como la lente a través de la cual Washington entiende sus desafíos estratégicos
contemporáneos.
Importancia del Canal de Panamá para Estados Unidos
Para Estados Unidos, el Canal de Panamá constituye una infraestructura estratégica de primera
magnitud. De acuerdo con Anadolu Agency (2025), “The US has the largest share in the canal’s transport,
accounting for 74.7% of the total cargo transportation”, lo que evidencia hasta qué punto la economía
estadounidense depende del tránsito eficiente por esta vía. En 2024, Estados Unidos movilizó un total de
157.062 toneladas de carga a través del Canal (Anadolu Agency, 2025), una cifra que refuerza su
relevancia en términos logísticos, comerciales y geoestratégicos.
Además, como señala Dabbagh (2025), el Canal de Panamá representa el 7,7 % del PIB
panameño y facilita aproximadamente el 5 % del tráfico marítimo global, lo que explica por qué Estados
Unidos considera indispensable la estabilidad y el funcionamiento continuo de esta ruta. Esta
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dependencia estructural convierte al canal en un punto crítico dentro de la competencia estratégica
contemporánea, especialmente frente al creciente papel de China en el comercio global y en la región
latinoamericana.
Estados Unidos, como potencia marítima, depende del comercio internacional para generar
riqueza, “They advance domestic prosperity through international commerce and through industry,
minimizing the tradeoff between military and civilian needs” (S:C:M Paine, 2025). La importancia militar
del canal de Panamá es crucial, como argumenta R. Evan Ellis (2025), si en algún momento hay un
conflicto armado en el pacífico, sería fundamental para EE.UU. poder trasladar su flota naval desde el
atlántico al pacífico.
Importancia del Canal de Panamá para China
Para China, el Canal de Panamá constituye un punto estratégico dentro de su expansión
económica y su creciente influencia en América Latina. En el marco de la Great Power Competition,
Panamá se ha convertido en un socio clave para Beijing, tanto por su ubicación geográfica como por su
papel en las cadenas globales de suministro. El giro diplomático de 2017 cuando Panamá rompió
relaciones con Taiwán y reconoció oficialmente a la República Popular China marcó un punto de
inflexión en la presencia china en el país. Este acercamiento abrió la puerta a una cooperación más amplia
en infraestructura, logística y comercio, sectores que se alinean directamente con los intereses
estratégicos chinos.
Desde entonces, China ha escalado su participación económica y se ha consolidado como el segundo
mayor usuario del Canal de Panamá, con un transporte acumulado de 45 millones de toneladas, según
Anadolu Agency (2025). Este volumen de comercio revela la importancia del canal para el flujo de
mercancías entre Asia y la costa este de Estados Unidos, uno de los corredores comerciales más activos
del mundo.
Además del uso intensivo del canal, China ha invertido en infraestructura crítica vinculada al
funcionamiento de esta vía marítima. Un caso emblemático es la adquisición, en 2016, de la instalación
portuaria en Isla Margarita por parte de China Road and Bridge Corporation. Esta operación, valuada en
aproximadamente 900 millones de dólares, otorgó a China un rol significativo en uno de los puertos más
estratégicos del Caribe. El puerto integra la Zona Libre de Colón, la zona franca más grande del
hemisferio occidental, lo que fortalece la capacidad logística de Beijing en la región y le permite influir
en un nodo clave del comercio global. Estas inversiones no solo facilitan su propio acceso comercial, sino
que forman parte de una estrategia más amplia vinculada a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), en la
que China busca asegurar posiciones en infraestructuras críticas alrededor del mundo. En este sentido, el
entorno del Canal de Panamá representa para China una oportunidad para consolidar presencia
económica, aumentar su proyección geopolítica en el continente americano y competir de manera más
directa con la influencia histórica de Estados Unidos en la región.
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La importancia estratégica que China asigna al Canal de Panamá también puede entenderse desde la
perspectiva propuesta por Sarah Paine, quien distingue entre potencias continentales y potencias
marítimas. Aunque China es históricamente una potencia de base continental, en las últimas décadas ha
buscado expandir su alcance hacia el espacio marítimo para asegurar sus cadenas de suministro y reducir
su vulnerabilidad en rutas controladas históricamente por potencias marítimas como Estados Unidos. En
este sentido, el Canal de Panamá funciona como un punto crítico donde China puede proyectar poder
económico más allá de su entorno continental, complementando su estrategia terrestre de la Franja y la
Ruta con una presencia más sólida en los corredores marítimos globales. Desde la lectura de Paine, las
inversiones chinas en infraestructura asociada al canal representan un intento de cerrar la brecha
estructural entre potencias continentales y marítimas, y permiten a Beijing competir en un espacio que
tradicionalmente ha sido central para la hegemonía estadounidense.
Competencia estratégica entre Estados Unidos y China en el canal de Panamá
La competencia entre Estados Unidos y China en torno al Canal de Panamá no es únicamente un
enfrentamiento por influencia regional, sino un choque entre dos modelos de proyección de poder que
responden a lógicas históricas y estratégicas profundamente distintas. Estados Unidos, una potencia
marítima, se ha concebido a sí mismo, desde los albores del siglo XX, como el garante del orden
hemisférico. Esta visión hunde sus raíces en la doctrina Monroe y en un siglo entero de hegemonía
política, militar y económica en América Latina, motivado por la necesidad de mantener rutas
comerciales abiertas. El canal, construido bajo administración estadounidense, simbolizó durante décadas
ese orden.
China, como potencia continental, en contraste, arriba a la región bajo un paradigma
completamente diferente, uno donde el poder económico sustituye al militar como mecanismo principal
de influencia. Beijing no busca establecer bases militares ni desplegar tropas, sino adquirir presencia
logística, conectar cadenas de suministro y ampliar su acceso a mercados. Esta diferencia estructural
explica por qué Washington percibe la presencia china como una amenaza estratégica, incluso si esta no
adopta formas militares tradicionales. Como afirma el informe RAND, “China is making significant
advances” en la región, incluso en áreas de dominio histórico estadounidense.
El contraste también se manifiesta en los instrumentos utilizados por cada potencia. Estados
Unidos se basa en tratados, alianzas militares, cooperación en seguridad y un legado histórico de
intervención. China emplea créditos, construcción de puertos, inversiones en zonas francas y diplomacia
económica. Este último enfoque ha demostrado ser especialmente eficaz en Panamá, donde las
inversiones en infraestructura logística complementan de manera directa el uso intensivo que China hace
del canal para sostener su comercio transoceánico.
Otro elemento central es la percepción del vacío estratégico. RAND advierte que “a reduction in
the level of U.S. engagement in Latin America could create conditions that intensify strategic
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competition”. Es decir, cuanto menos presente esté Estados Unidos, más espacio tiene China para
expandirse. Panamá constituye un ejemplo paradigmático de esta dinámica, el reconocimiento
diplomático a China en 2017, la adquisición de activos portuarios estratégicos y la ampliación del
comercio bilateral ocurrieron en un período donde Washington redujo significativamente su atención
política hacia América Latina. La competencia en el canal es, en parte, resultado de esa retirada relativa.
Esta disputa adquiere un significado especial para Panamá, que se encuentra en la posición de
actor bisagra dentro de la GPC. El país debe equilibrar la necesidad de atraer inversión extranjera donde
China es un socio valioso con las presiones geopolíticas estadounidenses que buscan limitar la
penetración estratégica de Beijing. Esta doble dependencia genera tensiones que Panamá debe gestionar
con cautela, especialmente en áreas como infraestructura portuaria, telecomunicaciones y comercio. La
soberanía panameña, aunque fortalecida desde 1999, vuelve a estar en el centro del debate, no por control
militar del canal, sino por el futuro de su entorno logístico y económico.
Finalmente, el Canal de Panamá emerge como un nodo crítico donde convergen intereses
incompatibles. Para Estados Unidos, representa un elemento indispensable de su seguridad hemisférica y
de su proyección global. Para China, constituye una pieza fundamental de sus cadenas de suministro y de
su estrategia de presencia comercial. La coexistencia de estas dos visiones en un mismo espacio genera
una competencia estructural que difícilmente se reducirá en el futuro. Más bien, todo indica que el canal
seguirá siendo un área sensible dentro de la rivalidad China – EE.UU., especialmente ante desafíos
emergentes como la crisis climática, la sequía que reduce el calado de tránsito, y la creciente
militarización del Indo-Pacífico.
La pregunta que nos podríamos hacer es ¿Por qué chocan las ideas de estas potencias siendo sus
enfoques distintos? Bueno esto se explica en parte a que Estados Unidos es extremadamente sensible a la
presencia externa (Doctrina Monroe) y muy firme en su posición de hegemonía, mientras que China
percibe esto como un acto de contención. En este contexto, el canal se vuelve un punto nervioso del
sistema global, donde ambas potencias utilizan el canal de Panamá para proyectar sus estrategias
globales. El canal deja de ser solamente un punto económico para ser un lugar donde la propaganda juega
un papel crucial, todos los actores internacionales están pendientes a la diferentes medidas tomadas entre
ambos lados debido al efecto que estas pueden tener.
La coexistencia de dos proyectos geopolíticos incompatibles anticipa tensiones que exceden lo
comercial y convierte al canal de Panamá en un microcosmos de la competencia global.
Implicaciones
Panamá vive una situación geopolítica complicada, ya que es un país que necesita de estos dos
gigantes. Esto lo convierte en un Estado susceptible a los cambios en la relación entre estas potencias.
Aunque Estados Unidos durante décadas fue el único actor que dominaba la influencia en torno al canal,
ahora se suman los intereses de China, que se ha posicionado con mucha fuerza en los últimos años.
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Panamá vive una realidad geopolítica incómoda donde ya ha sentido algunos estragos. Un ejemplo
reciente de esta tensión se observó cuando “el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, saludó el
martes como un regreso el acuerdo de un consorcio liderado por el administrador de fondos
estadounidense BlackRock para comprar la mayoría de las operaciones portuarias del conglomerado de
Hong Kong CK Hutchison, que incluyen activos a lo largo del Canal de Panamá” (France24, 2025).
Esto impacta en un claro retroceso de las relaciones diplomáticas entre Panamá y Estados
Unidos. El hecho de que un presidente estadounidense sugiere la “reconquista” del Canal de Panamá no
solo deteriora la relación bilateral, sino que también pone en duda el respeto a la soberanía panameña
recuperada en 1999, lo que lleva a plantearse una pregunta evidente, ¿por qué ocurren estas declaraciones
en este contexto?
Lo que sucede es que a Estados Unidos le molesta el acercamiento de China tras el
reconocimiento diplomático de 2017, sumado a las crecientes inversiones chinas. Washington interpreta
esta situación como una pérdida de su influencia histórica. Por su parte, para China cualquier intento de
Washington de limitar su presencia económica confirma aún más su lectura de que EE.UU. busca
contener su expansión. Bajo esta perspectiva, China ve a Panamá como un Estado soberano capaz de
tomar sus propias decisiones sobre con quién vincularse y con quién no. Además, esta visión implica que
Beijing no espera un retroceso en las relaciones bilaterales con Panamá.
En este contexto, resulta especialmente útil incorporar la distinción propuesta por Sarah Paine,
quien explica la competencia entre potencias a partir de la diferencia estructural entre potencias marítimas
y potencias continentales. Esta distinción ayuda a entender por qué el Canal de Panamá se convierte en un
punto tan sensible dentro de la Great Power Competition. Para Estados Unidos, una potencia marítima, el
dominio de corredores estratégicos como el canal es esencial para su seguridad y su hegemonía global.
“Las potencias marítimas avanzan su prosperidad doméstica a través del comercio internacional” (Paine,
2025), y el canal constituye un pilar de esa arquitectura marítima. Para China, una potencia de base
continental, su creciente presencia logística y económica alrededor del canal representa un modo de
extender su influencia más allá de su entorno asiático, reduciendo su vulnerabilidad y asegurando cadenas
globales de suministro que tradicionalmente dependen del control estadounidense. Desde esta
perspectiva, el canal no es solo infraestructura económica, sino un espacio simbólico donde se enfrentan
dos modelos incompatibles de poder: el control marítimo estadounidense y la expansión económica
continental china.
Bajo este contexto, Panamá se encuentra encerrado, no quiere ofender a Estados Unidos, pero
tampoco desea romper sus vínculos con China. Esto deja al gobierno panameño con muy poco margen de
acción. En resumen, Panamá es presionado por Estados Unidos para limitar la presencia china, mientras
que China lo persuade para que mantenga su autonomía frente a las presiones norteamericanas. Cualquier
indicio de frenar o reducir los lazos con China sería interpretado por Beijing como un acto de falta de
autonomía y podría significar perder beneficios económicos clave.
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De este modo, Panamá queda en el centro de una disputa narrativa donde cada declaración ya sea
del gigante asiático o de la potencia norteamericana genera impactos diplomáticos directos. El país
navega aguas inciertas, donde cualquier movimiento en falso podría generar consecuencias graves para su
estabilidad política y económica.
De todas formas, no todo es negativo para Panamá, y existen oportunidades que el país está
aprendiendo a aprovechar mientras intenta balancear su posición. Panamá ha adoptado dos estrategias
principales. La primera consiste en mantenerse firme en la afirmación de que la política de peajes del
canal la establece exclusivamente la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), en virtud del Tratado de
Neutralidad, lo que refuerza su autonomía institucional. La segunda estrategia ha sido retirarse de la
Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), pero manteniendo abiertos los canales comerciales y marítimos
con Pekín. Con esto, Panamá da señales de que prioriza las preocupaciones de seguridad e inversión de
Estados Unidos, resistiéndose a cualquier interpretación que implique control externo sobre el canal.
Hasta la fecha, esta postura ha sido efectiva.
La prueba política del presidente Mulino reside en obtener beneficios pragmáticos para la
población, aprovechando las ventajas que provienen de ambas potencias al mismo tiempo sin
comprometer la soberanía nacional ni generar un desequilibrio diplomático irreparable.
Conclusión
A lo largo de su historia, el Canal de Panamá ha demostrado ser mucho más que una obra de
infraestructura facilitadora del comercio marítimo. Desde el primer intento francés, hasta su construcción
y el posterior paso a manos de Panamá, el canal ha reflejado las transformaciones del poder global y
sobre todo ha actuado como un espacio en donde se proyectan intereses estratégicos, económicos y
militares. Durante momentos clave del siglo XX, el canal aseguró a EE. UU una posición estratégica en
cuanto a movilidad naval, seguridad nacional y proyección de poder internacional. El canal fue un
símbolo de hegemonía regional. Este valor estratégico incluye, además, la capacidad fundamental de
trasladar rápidamente su flota entre el Atlántico y el Pacífico en caso de un conflicto, un elemento clave
para una potencia marítima cuya seguridad depende de la movilidad y disponibilidad de sus fuerzas
navales.
En el siglo XXI, esta hegemonía se ve amenazada por la irrupción de China como actor
económico en la región. El canal, antes dominado exclusivamente por la influencia estadounidense, se ha
transformado en un punto de convergencia entre dos potencias que representan modelos distintos de
proyección de poder: el militar y marítimo estadounidense y el económico chino. En este contexto, el
Canal de Panamá se integra plenamente a la lógica de la Great Power Competition, dónde infraestructura
crítica y cadenas de suministro, en un mundo interconectado, adquieren tanta importancia estratégica
como las bases militares o los tratados de seguridad.
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Para Panamá, este entorno geopolítico genera tensiones y oportunidades. El país debe equilibrar
su histórica y estrecha relación con Estados Unidos con la creciente presencia económica de China,
buscando maximizar beneficios sin comprometer su soberanía. La neutralidad del canal y la autonomía
institucional de la ACP (Administración del canal de Panamá) se vuelven fundamentales para manejar
presiones externas en un sistema internacional cada vez más competitivo y conflictivo. Al mismo tiempo,
las recientes inversiones e intervenciones diplomáticas, muestran que el canal sigue siendo un espacio
altamente sensible para ambas potencias.
En definitiva, el papel del Canal de Panamá ha evolucionado desde ser un proyecto estratégico
estadounidense a convertirse en un escenario clave de la competencia geopolítica contemporánea. Su
importancia ya no radica únicamente en la eficiencia comercial, sino en su capacidad para alterar
equilibrios globales, influir en la relación entre China y Estados Unidos y situar a Panamá en una
posición central dentro de las dinámicas internacionales del siglo XXI.
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